Mi blog de notas

Cadenas bien formadas


#1 El caballero del jubón amarillo de Arturo Pérez-Reverte



En el post anterior decía que uno de los descubrimientos de 2004 fueron las aventuras de Aubrey y Maturin de Patrick O'Brian. Pero perfectamente podría haber dicho que fueron las aventuras del capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte.

Diego Alatriste y Tenorio o, como mejor le conocen sus amigos y enemigos, el capitán Alatriste, es un espadachín de la España del Siglo de Oro (aunque, como dice uno de sus personajes, de oro vieron bien poco), que se gana la vida como puede saldando cuentas ajenas cuando no está de soldado en los tercios de Flandes. Acuchillando al fin y al cabo, que en ese oficio nadie se desenvuelve mejor que él.

En sus aventuras con reyes, inquisidores, nobles, herejes y demás ralea le acompaña siempre Íñigo de Balboa, que además es el narrador de las novelas (por cierto, por la forma de narrar que tiene, se nota que es un recurso de Pérez-Reverte para dar su visión particular de la época). Íñigo es un rapaz que tiene Alatriste de apadrinado desde que su padre cayó junto a él en Flandes. Lo bueno es que el capitán también suele tener a Francisco de Quevedo como compañero de lances, conoce a Lope de Vega y se codea algunos grandes de España.

Sembrando estos ingredientes entre corrales de comedias, palacios, tabernas de putas, cárceles del Santo Oficio y callejones oscuros, Pérez-Reverte, con un gran dominio del léxico de la época y esa prosa tan ágil y directa que le caracteriza, dibuja una viva (y amarga) estampa de la España del Siglo de Oro, con las miserias de la corrupción, el fanatismo religioso y los aires de hidalguía, pero también con la admiración por una época decadente que sin embargo vivió una explosión nunca vista de genialidad artística, de la mano de personas como Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Quevedo, Góngora, Calderón, Velázquez o Murillo.

Eso vale por las cuatro primeras novelas. En la quinta que me ocupa, se mantienen las mismas virtudes además de superar el pequeño bajón en el ritmo que creo que sufrieron la tercera y la cuarta. Si el eje director en la primera fueron las intrigas palaciegas, en la segunda la Inquisición, en la tercera la guerra y en la cuarta el saqueo del oro americano, en la quinta parece ser el teatro. La historia comienza en un corral de comedias, pasa por la casa de Lope de Vega, y acaba liándose con una actriz de por medio.

Íñigo ya maneja con soltura la espada y tiene maneras de farruco, aunque sigue sin poder evitar que Angélica de Alquézar le caliente la bragueta y le lleve por malas veredas. Gualterio Malatesta, el archienemigo del capitán, o su archiadversario (porque, según Malatesta, los enemigos no se respetan, al contrario que los adversarios) vuelve a las andadas en hora mala, y Alatriste acaba encandilándose con una actriz llamada María de Castro que le traerá no pocos problemas: es un personaje paralelo a la Calderona, así que ya sabréis de qué lado vendrán esos problemas.

Para los que siguen esta serie de novelas, ya saben, más de lo mismo (o sea, de lo bueno). Y para los que no, si les gustan las intrigas, el brillar del acero, los diálogos folletinescos, la poesía gamberra de Quevedo y, en fin, la Historia, que no duden en empezar con El capitán Alatriste.

2005-01-28, 01:00 | Enlace permanente | 1 comentarios |

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Comentarios

1
De: Aurora Fecha: 2005-04-10 17:48

Acaban de pasarme El sol de Breda, pero aún no lo he empezado porque le tengo mucho recelo: El Club Dumas y La tabla de Flandes son las únicas novelas que he leído de Pérez Reverte y me dieron tanta grima, me gustaron tan poco, que quizá a la tercera vaya la vencida y termine odiando a este autor. Además, no sé yo si es buena idea empezar por la mitad de la serie... De todos modos, hasta que no lo lea, no puedo juzgar.



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